
Como hemos visto, la educación de la mujer tuvo un duro
transitar para llegar a ser lo que conocemos hoy en día. Desde la rustica – y
casi nula - educación impartida en los
tiempos de la colonia, tuvieron que pasar 50 años de republica para que recién
se pudiera decir que existía educación hacia las mujeres. Aunque, como vimos,
dicha educación era privada.
El año 1953 marcaría un precedente para la educación de
nuestro país, esto porque es en ese año que se produce la llegada de las
hermanas del Sagrado Corazón, las cuales llegaron desde el viejo continente con
una “nueva forma de hacer las cosas”. Ellas traían un programa de estudios
probados en diversos países, el cual era sin duda alguna, el modelo de
enseñanza a seguir en todo el mundo.
Fue tanta la influencia de esta congregación, que al poco
tiempo de haber llegado se les encomendó que fuesen ellas quienes se encargasen
de crear la escuela de preceptoras, la cual estaba abocada a la formación de
nuevas profesoras para el Estado de Chile.
Esto hechos fueron los principales precedentes para las
futuras reformas llevadas a cabo por los gobiernos posteriores, las que
desembocarían en 1876 en el Decreto de Amunategui. El cual permitió el ingreso
de las mujeres a la educación superior.
Para la
iglesia el acceso femenino a la universidad significo un quiebre de las
tradiciones y del catolicismo, donde la mujer estaba hecha para cumplir un rol
de esclava, debía cumplir solo con ser una buena hija, madre y esposa, y para ello
no necesitaba una instrucción intelectual. Al anunciarse del Decreto de
Amunátegui, la iglesia católica convirtió al Estado en su enemigo.
El
Decreto de Amunátegui entregó a las mujeres instrumentos para diseñar un mapa
que describe un tránsito, un desplazamiento y sobretodo un cambio de la
sociedad chilena, donde incentivara a la mujer ha insertarse en un mundo
desconocido para ellas el de la ciencia y situarse en la esfera de la libertad.
A partir de este decreto surgió la preocupación por parte del Estado de
impartir instrucción secundaria y superior femenina, debido a esto se fundaron
liceos para mujeres, naciendo en provincias: en 1891 se fundó el Liceo Carlos
Waddington en Valparaíso y en 1895 el Liceo número 1 en Santiago. Recién en
1906 existían veintidós liceos de niñas en nuestro país, accediendo a ellos
solo la clase social elevada. Cabe destacar que la mayoría de las mujeres
pioneras fueron tituladas de médicos, dentistas, abogadas y una sola ingeniera
egresada en 1919. Con todos estos avances se logro un triunfo transcendental en
materia social y educacional.
A
través de la Historia se pudo ver que el rol educativo de las mujeres ha pasado
de ser secundario a principal, y esto se ve en que los resultados de ellas
influyen más en los índices de medición estándar usados por el país y las
políticas no hacen diferencia respecto del sexo de los alumnos.
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