viernes, 13 de julio de 2012

Taller 3.


Para iniciarse en la Historia Escolar Chilena.
Ley de Instrucción Primaria Obligatoria: un Debate Político.


            Antes de dar una opinión, hay que establecer ciertos parámetros. En primer lugar, hay que notar la importancia en la diferencia de contexto ya que es sencillo darse cuenta que el país entre 1890 y 1920 es muy diferente del país que tenemos ahora: en aquellos se momentos se estaba saliendo de un conflicto bélico y las prioridades eran diferentes, además de que los objetivos también lo eran. En segundo lugar, otra cosa importante a recalcar eran precisamente los objetivos, puesto que lo que se esperaba en aquel entonces era que la gente supiese como mínimo leer y escribir y quizá un poco de matemática, historia y geografía y lo que fuese necesario para tener un oficio. En tercer lugar, son los directivos y encargados de impartir educación formal a finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX, siendo sus intereses remarcablemente similares (en rasgos generales cuando menos) a los intereses de particulares del día de hoy. Y finalmente, el último parámetro a considerar es claramente aquellos a quienes les afecta más directamente las políticas educativas y los cambios que dichas políticas generan: los alumnos.

            Teniendo esto en claro, y como procederemos a explicar posteriormente, la postura que genera la creación de una Ley de Educación Primaria Obligatoria sólo puede ser una sola: a favor.

            El contexto social del país era, como ya hemos mencionado, de finales de una guerra que aunque se ganó, costó al país mucha gente útil en la fuerza trabajadora que movería al país los siguientes años. Chile requería trabajadores que ayudarán a recuperar las pérdidas, y la manera más fácil de conseguir trabajadores era hacer trabajar a los niños tan pronto les fuera posible. El trabajo infantil no era visto en ese entonces de la manera que es vista ahora, por lo cual no es conveniente hacer juicios, pero sí debe decirse que al verse una familia obligada a generar ingresos y teniendo el niño un  mínimo de conocimientos que le fueran suficientes para tener una ocupación, se vería “presionado” (quizá incluso forzado) a trabajar para generar dinero. Se recalca el hecho de que no es conveniente emitir juicios si no se tiene un dominio del contexto de la situación, pero la falta de educación en un trabajador hace que este sea dependiente de lo poco que pude hacer debido a su poca preparación laboral, viéndose sometido a trabajos que generan un gran desgaste físico porque no tiene la posibilidad de cambiarse a un trabajo más conveniente debido a su falta de preparación. Los niños que entraban a una edad temprana a trabajar no tenían más opciones que seguir en esos trabajos durante mucho tiempo porque no sabían hacer nada más. Una de las ideas dentro de la Ley era que se evitara esto a base de enseñarles más contenidos dentro de los pocos años que alcanzasen a estudiar para que al menos tuviesen un rango más amplio de elección al buscar trabajo. Puede decirse entonces que el contexto social apoya una Ley que obligue a cursar un mínimo de cursos escolares.

            Los objetivos de las políticas sociales y educacionales de esos tiempos no diferían mucho entre ellas, las cuales eran generar trabajadores competentes (a grandes rasgos). Bajo la premisa de que más conocimiento ayuda a una persona a mandar mejor y cumplir mejor, el tener más tiempo a un niño en la escuela ayuda a que este sea capaz de cumplir mejor una labor determinada, o que aprenda más rápido y/o mejor un oficio cuando llega el tiempo en que tenga que hacerlo. Usando como ejemplo oficios usuales de  principios del siglo pasado, el parámetro ideal a cumplir era tener obreros que invirtieran bien el tiempo usado trabajando y esto se lograba teniendo trabajadores que fueron inteligentes, así se mejoraba la producción, como podían ser un sastre que usara la mayor parte de la tela o un panadero que hiciese rendir mucho la harina. Entonces los objetivos que se tenían en ese tiempo se llevaban a cabo de mejor manera preparando a los niños con más educación. He aquí un punto importante, pues no era calidad lo que se buscaba dar sino cantidad (la eficacia de esto puede ponerse en duda sin hurgar demasiado en el tema, pero nuevamente volvemos a un [contextos diferentes / opiniones diferentes]). Se explica ese punto en el siguiente parámetro a considerar pero notando que puede argumentarse que el objetivo de la Educación y la Ley de Educación Primaria Obligatoria de comienzos del siglo pasado van de la mano.

            ¿Quien se encarga de lograr una asistencia a las escuelas? La respuesta más apropiada serían los padres, pero se establece que no son gente que quiera perder mano de obra fácil de conseguir a cambio de un hijo más educado que, como no pueden ver una utilidad puntual y a corto plazo para sus conocimientos, no les sirve como familia. Los proyectos originales encargan a diferentes personas la dirección de las escuelas municipales y el que velen por su funcionamiento. Pero no establece puntualmente qué es lo que estas personas deben hacer para asegurar un aprendizaje, por lo tanto no se nota que valga la pena tener obligatoriamente estudiando a los niños. Entra también a la discusión el aporte económico que recibe cada escuela, siendo obligación de la municipalidad en la que se encuentra cada recinto el preocuparse de mantenerla y movilizar a los niños para mantener cierta asistencia, pero no es la municipalidad quien se encarga de los currículos impartidos en cada escuela sino un gobierno central y los sostenedores particulares de cada una. Esto genera una cadena de injerencias que obliga a impartir una educación que no se ajusta a las realidades de cada zona, y esto a su vez contradice los objetivos porque cada zona requerirá tipos de trabajadores diferentes, pero a todos se les está enseñando lo mismo en las escuelas municipales. Aun así, se ve al menos una intención en quienes dirigen las escuelas que los alumnos aprendan algo que pueda serles útil.

            Pero el parámetro más importante a considerar en el éxito o fracaso de la aplicación de estas leyes es la influencia que tienen sobre las personas directamente afectadas por ella, por lo cual debe hacerse la pregunta: ¿Cuál ha sido la diferencia entre que no se obligue y si se haga a estudiar a los niños? Y la respuesta parece ser simple: se sienta un precedente. Hoy en nuestro país un joven puede estudiar hasta 4to medio avalado por el Estado, siendo que tiempo atrás la cobertura llegaba sólo hasta 8vo básico y mucho antes solamente hasta 4to básico. ¿Por qué se ha hecho necesario ampliar el curso mínimo requerido para formar parte de la sociedad como una persona mínimamente preparada? Porque la sociedad lo exige. Es la influencia y los resultados que se tuvo de tener una educación mínima obligatoria a principios del siglo pasado que hoy se puede garantizar que todo chileno o persona que estudie en este país puede cursar hasta 4to medio si así lo desea y luego continuar con su educación si se cree suficientemente preparado. Y es también gracias a esa obligatoriedad que dentro de la educación actual deben entregarse contenidos que permitan a los alumnos porque ya está sentado el precedente.

            Es por eso que la aplicación de una Ley de Obligación de Educación Primaria, a pesar de todos los fallos que pudo tener en su discusión y redacción ha sido útil hasta el día de hoy, porque sentó las bases para el sistema actual, que no es perfecto, pero que puede discutirse y es influido por factores que fueron detectados a medida que se modificaba la original. Así que al menos, como una versión de “prueba” del sistema que tenemos hoy, ha sido una Ley exitosa.

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